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Educación y desigualdad : Un panorama serio en América Latina

juliaaa @ 11:48

Sabemos que la educación es considerada como la inversión que consigue un alto rendimiento en una producción. Todas las empresas líderes de los distintos mercados del mundo, fijan sus asignaciones para capacitar a sus empleados, porque saben que es sinónimo de desarrollo y logrando este avance se logrará la competitividad y a su vez la rentabilidad que toda empresa espera obtener.                                      

Por otro lado, las realidades empíricas parecen indicar que las relaciones entre educación y desigualdad son las más complejas, y que es necesario atender esa complejidad para poder movilizar las potencialidades de la educación como un agente de cambio o un agente de mejoras.  

 

En América Latina, la cobertura de la escuela primaria se ha extendido fuertemente.  Según datos estadísticos del BID (Banco Interamericano de Desarrollo), las tasas de inscripción en primaria superan el 90% en la mayoría de los países. También se observa que aumentaron considerablemente las tasas de inscripción en secundaria, y en educación superior.   

 

Pero esto es solo una cara del panorama educativo, la otra cara que nos preocupa muy seriamente, tiene que ver con los serios problemas que se afrontan en las áreas de deserción, repitencia, y calidad de la educación. En relación a la deserción, la gran mayoría de los menores en edad escolar comienzan la escuela primaria pero, según las estimaciones, menos de la mitad la finalizan esta etapa y por el lado de la escuela secundaria, la mayoría de los que inician la secundaria no la completan.  Se forma así un amplísimo grupo de niños y jóvenes con primaria incompleta, y secundaria incompleta. Su peso cuantitativo es observable en las estadísticas sobre el nivel de preparación de la mano de obra activa de la región.  Ubicados fuera de los marcos de la educación formal, y con dificultades importantes para insertarse laboralmente, constituyen un extenso grupo social que está de hecho excluido de aspectos básicos de la vida de la sociedad. 

 

El aspecto que se presenta en la etapa escolar de la repetición es de gran debilidad en América Latina. Se estima que un alumno promedio de la región está cerca de siete años en la escuela primaria para llegar a terminar sólo cuatro grados.   Este promedio es de las elevadas repeticiones que se presentan, más del 40% de los alumnos repiten el primer grado, y la tasa de repetición promedio es de un 30% en cada año de estudios. 

 

Observamos entonces que se están formando "circuitos educativos". Las escuelas que tienen una oferta de educación relevante en standards del mundo actual, ingresan niños de ciertos sectores sociales que, a su vez, cuentan con marcos familiares que han acumulado significativos dosis de capital humano. El campo de la educación es el de un mercado pronunciadamente imperfecto en términos económicos. La mayoría de las personas dependen de sus propios recursos para invertir en educación, por esta misma razón, la distribución inicial de recursos determinará qué tipo de escuela eligirán. Frente a este circuito de carácter educativo, que conduce a su vez a una educación competitiva en términos de los mercados laborales, se generan otros circuitos, en donde se halla la mayoría de la población en muchos de los países. La misma asiste a escuelas con restricciones económicas, por falta de presupuesto ó infraestructuras deficientes, falta de materiales, limitado número de horas de clase anuales, bajas remuneraciones docentes u otro tema ligado a las restricciones económicas, por falta de presupuesto. Las dificultades del medio familiar a su vez son muy desfavorables para el rendimiento en la etapa escolar de los menores. 

 

La realidad exige que se diseñen políticas agresivas de mejoras para lograr la equidad en la educación en América Latina y que ellas sean un núcleo central de las políticas educativas generales. En las sociedades latinoamericanas con  sectores de población  viviendo en la pobreza y la miseria, la educación puede ser una poderosa fuerza de cambio social y devolución de esperanza y dignidad a los pobres, o por el contrario de persistir las fuertes desigualdades que la marcan un refuerzo permanente de los círculos nocivos que nos llevan a la exclusión social y por consiguiente en una situación sin salida.

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