Aprendiendo de la TV.
Cuando niño, muchas horas las pasaba sentado frente al televisor. En el cuarto, en la sala, o en la cocina. Parecía que toda la casa estuviera hecha tan sólo para que los niños que en ella vivíamos viéramos televisión y no hagamos nada más. Recuerdo, con bastante nostalgia los dibujos que me entretenían durante horas. Muchos de ellos los recuerdo en mi cabeza como imágenes, pero ya no sé como se llamaban, es que uno va creciendo y olvidando cosas que no quisiera dejar atrás, pero la memoria necesita espacio para las nuevas cosas que se van viviendo y las que están más al fondo en el baúl de los recuerdos se van desintegrando hasta convertirse en nada. Es así que varias cosas pasan al olvido.
Pero de esos momentos disfrutando de lo que me podía ofrecer ese cuadrado de madera con una pantalla inmensa, recuerdo muy bien ciertos dibujos que a pesar del tiempo no se han esfumado de mi cabeza. Será tal vez porque me gustaron demasiado, pero también porque su permanencia en mi memoria ha significado un uso constante de esos recuerdos. A lo que quiero llegar es a que muchas cosas que podría yo considerar como parte de mi educación inicial, las vi, y aprendí de la TV. Y es que había muchas cosas que veía en la televisión y que me llevaban a pensar en cómo se podrían lograr. Se trata de esos programas educativos que durante mi infancia tanto me gustaban y los que no deje de ver hasta que los sacaron de la programación.
Tal vez ya no recuerde los nombres de los programas, cosa que si pueden hacer mis hermanos y primos, que son algunos años mayores que yo, pero sí tengo muy presente que lo que ahí aprendí no lo he olvidado nunca. De hecho, son cosas que más tarde me enseñaron en las escuela, en la educación primaria, y que yo ya sabía tan sólo por el hecho de estar prendido a la televisión imaginando que yo era uno de los conductores de esos programas y que ya sabía todos los trucos para llevar a cabo los experimentos que hacían y que me sabía las respuestas a las preguntas que dejaban a todos los pequeños espectadores pensado para ver si dentro de sus cabezas podían encontrar la respuesta.
De manera que durante mis primeros años como consumidor de los productos de los medios de comunicación, no sólo obtenía cosas sin sentido y para pasar el tiempo, sino que además iba adquiriendo conocimiento muy útil y educativo de programas que se preocupaban por hacer llegar a los espectadores formas de enseñanza divertidas, mediante las ocurrencias de quienes se encargaban de pararse frente a la cámara y hacer de profesor de miles de niños. Así pues llegué a comprender de niño que los recursos de la educación no están sólo en las aulas, y que mientras más divertida sea esta, más provechosa será para quienes tienen que pasar por varios años de colegio para completar su proceso educativo.

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