INFLUENCIA DE LA EDUCACIÓN EN UN HOMOSEXUAL
Me ha llamado mucho la atención la noticia del anciano que fue arrestado en Francia por ser sospechoso del asesinato de varias personas en este país. Ustedes pensarán que, en tiempos actuales, una noticia así no es para llamar la atención y estoy de acuerdo en ello pero lo anecdótico del hecho es que este sujeto sólo asesinaba homosexuales y además, él mismo también era homosexual. Al menos yo, es la primera vez que tengo referencia sobre crímenes de esta naturaleza. Ya antes se han conocido casos de “vigilantes” que asesinan personas con esta opción sexual. Generalmente el rasgo común a estos criminales, es un trauma en los primeros años de su educación, casi siempre se trata de niños que fueron violados por su padre o por algún pariente cercano y quedaron marcados para toda su vida. Otro grupo también puede haber sido víctima de abuso por sus propios compañeros de escuela. El hecho es que algunos terminan desarrollando una especie de fobia y rechazo a las personas homosexuales pero al mismo tiempo ellos lo son. Sus mentes quedan tan desequilibradas que ellos tratan de mantenerse como representantes exclusivos de un tercer sexo y van aniquilando a los que pretenden ser como él. En el caso del sexagenario francés detenido, ya se tenían sospechas de sus prácticas asesinas pues hace ocho años que su pareja sentimental, otro homosexual llamado Slim Fezzani, fue también detenido y encarcelado por el asesinato de un agente de seguros, igualmente de opción homosexual.
El sexagenario detenido, responde al nombre de Nicolás Penard y ha sido descrito por sus vecinos como un anciano tranquilo. Claro, ese es un juicio de valor muy relativo, porque está comprobado que los asesinos en serie se muestran tranquilos y muy controlados la mayoría del tiempo. Es así que planifican con frialdad la mayoría de sus crímenes y se cuidan de no dejar huellas de sus actos. Uno puede pensar que la violencia de estas personas es directamente proporcional a su comportamiento, pero no es así, la mayoría de los asesinos en serie presentan una personalidad alterada pero no todo el tiempo, tienen una inteligencia emocional bastante diferenciada y su percepción de la realidad es siempre de carácter mesiánico, es decir, creen que ellos pueden decidir quién vive y quién muere. Los asesinatos que se le imputan a Penard presentan una característica común a todas sus víctimas y es que éstas recibieron un violento golpe en la cabeza para luego ser apuñaladas en reiteradas veces. Este hecho en particular me dejó pensando pues en mi escuela sucedieron hechos que tienen mucho en común con lo descrito. Paso a contarles lo que aconteció.
Corría el año 1985 y quien les escribe estudiaba en una escuela mixta, con un total aproximado de 150 alumnos por promoción divididos en cuatro aulas de 40 alumnos cada una. El año había transcurrido con normalidad, los grupos de amigos eran más o menos estables, con tantos niños era difícil que hubiera una cohesión de la promoción así que cada uno buscaba a la gente que más le simpatizaba. Dentro de mi grupo de chicos y chicas, había un chico que era medio amanerado y gracias a esto era objeto de burlas. Las bromas eran en tono amical, no detecté maldad en ellas pero la verdad es que el chico en cuestión no las terminaba de encajar muy bien. Al respecto, recuerdo que el bromista más empedernido era Giancarlo, todos los días traía un apodo nuevo para el pobre Martín quien no tenía más remedio que aguantárselas. No podía hacer otra cosa pues eso significaba mudarse de grupo de amigos, algo muy difícil a esa edad. Sin embargo un buen día las cosas se pusieron feas pues ese día todos lo habíamos estado fastidiando sin cesar, fue un día inspirado de Giancarlo que trajo como cinco nuevos apodos para Martín. Pero lo peor sucedió dentro de una clase del curso de Religión. En esta clase, la maestra ordenó que se formaran grupos de trabajo de cuatro alumnos y mi grupo de amigos era de nueve integrantes. El problema se suscitó cuando dejamos a Martín fuera de los dos grupos de cuatro que formamos, el pobre se quedó sin hacer nada y, lo peor del caso, no dijo nada. Llegada la hora de la entrega de trabajos, resultó que Martín no había hecho nada y cuando la profesora le preguntó por qué no tenía grupo, rompió en amargo llanto. Indudablemente había sido mucha carga para él, años de burlas y ahora esto.
Ahí no quedó la cosa y al final de ese día, mientras descendíamos por las escaleras que nos conducían al patio de salida, Martín arreció contra Giancarlo y le propinó un fuerte golpe en la cabeza y se armó el pleito. No recuerdo lo que sucedió después pero sí que las bromas contra Martín siguieron durante toda la etapa escolar. Luego de algunos años me enteré que el chico había tenido problemas similares en su universidad y en todas las ocasiones había atacado por la espalda a sus compañeros de aula. Quizá haya alguna correlación.

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